No hay docencia sin el otro

Desde Andares y Pensares nos proponemos seguir analizando el discurso pedagógico de la política educativa del gobierno actual.

Continuamos esta tarea analizando el documento MOA: Marco de Organización de los Aprendizajes para la Educación Obligatoria Argentina. Este documento  presenta, desde la visión neoliberal, una propuesta tendiente a instalar un “nuevo modelo escolar” basado en, las capacidades individuales, las neurociencias, la neutralidad, el aplicacionismo  acrítico y otras ideas fundamentales de esta perspectiva.

Invitamos a opinar, decir, criticar para seguir creciendo en la producción  de una pedagogía liberadora y de construcción colectiva

Marco de Organización de los Aprendizajes para la Educación Obligatoria Argentina.

No hay docencia sin el otro[1]

El material Organización de los aprendizajes[2], distribuido por la Secretaría de Innovación y Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Nación a fines de 2017, fue presentado como un documento que forma parte de una serie de propuestas para el acompañamiento a la implementación de la Secundaria Federal 2030. Según se puede leer en la introducción, este material (…) presenta (…) escenarios posibles para pensar las innovaciones en la organización de la enseñanza y de los aprendizajes de la Educación Secundaria Obligatoria en línea con las orientaciones del Marco de Organización de los Aprendizajes (MOA)

Vamos por partes. En este documento (aunque no de manera excluyente, ya que en varias publicaciones actuales que siguen esta línea se viene dando este fenómeno), pareciera olvidarse que una cosa son las prácticas de enseñanza y otra, los procesos de aprendizaje. Por supuesto que se trata de cuestiones que guardan vinculación, pero las mismas no son equivalentes. Lo que los profesores podemos hacer, en todo caso, es generar cambios en nuestras prácticas de enseñanza, pero no en los modos en que las personas aprenden, o al menos no podemos habilitar la idea de que es posible moldear los aprendizajes.

Dicho de otra manera: la enseñanza constituye una práctica social, pública e intencionada, mientras que los aprendizajes responden a procesos psicológicos y, aunque se pueda aprender en grupos, cada individuo significa a nivel personal esa experiencia transitada con otros. Los desenlaces de los procesos de aprendizaje -por suerte- son diversos, impredecibles e incluso inesperados, porque los mismos requieren necesariamente cierto grado de protagonismo y predisposición por parte de quien aprende para que sucedan. El educador es creador y dueño de sus prácticas de enseñanza, de sus actos para convocar al otro a acercarse a determinados saberes, pero sólo el sujeto puede decidir aprender[3]. Y eso está bien.

Los aprendizajes les pertenecen a los sujetos. Pretender determinar qué hace el otro con aquello que le ofrezco, le propongo o le sugiero es, por lo menos, escandaloso[4]. Lo normal, dice Meirieu, es que el sujeto se nos resista. Esto es incluso deseable ya que ese acto, de alguna manera, lo define como sujeto, como alguien diferente de mí y de otros.

Una advertencia más tiene que ver con que el documento Organización de los aprendizajes. Se presenta como una mirada aséptica (y por demás instrumentalista), toda vez que no detalla ningún tipo de referencia bibliográfica sobre la cual sustenta su posicionamiento. Cuando uno indaga un poco para conocer de qué se trata la sigla “MOA”, la búsqueda nos arroja varias dimensiones para dicho marco/modelo: el llamado “desarrollo de capacidades” encabeza la lista, seguido de algunos “indicadores de progresión de los aprendizajes”. Así, el MOA no sólo se sugiere (…) organizar (sí, organizar) institucional y pedagógicamente los aprendizajes de nuestros estudiantes sino que, además, nos brinda la receta para medir el avance de los mismos[5].

Finalmente, resulta preocupante la incidencia de discursos con rasgos aplicacionistas, ligados a las neurociencias. En ellos, los contextos parecieran desaparecer, como si la tarea educativa pudiera reducirse al adiestramiento de las mentes individuales. Toda vez que estos discursos fáciles de comprar nos asalten desprevenidos a la hora de pensar la escuela, vale la pena recordar el concepto de falacia de abstracción de la situación, a partir del cual sujeto y situación componen una unidad que no se puede descomponer: es como si uno pudiera entender la vida de la hormiga prescindiendo de la presencia de la reina, de la distribución de tareas que hay en el hormiguero, de qué impulsa a la hormiga a obrar como tal[6].

 

[1] Paulo Freire, en su obra Pedagogía de la autonomía (1996) nos recuerda que no hay docencia sin discencia, esto es sin un otro.

[2] Disponible en http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL005897.pdf

[3] Meirieu, P. (2001) A mitad de recorrido. Por una verdadera revolución copernicana en pedagogía. Leartes. Barcelona

[4] Como también es escandalosa la restricción al acceso a determinadas becas según el criterio de carreras prioritarias. Cabe allí hacer(nos) la pregunta ¿Prioritarias para quién? ¿Por qué creemos que podemos direccionar el derecho de las personas a acceder a la educación  y sus elecciones y deseo personales?

[5] Documento MOA: Marco de Organización de los Aprendizajes para la Educación Obligatoria Argentina. Disponible en : https://www.educ.ar/recursos/132250/moa-marco-de-organizacion-de-los-aprendizajes-para-la-educacion-obligatoria-argentina

[6] Baquero, R (2017) Conferencia: Acerca de enseñar y aprender. De incapacidades e impotencias.

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