El Neoliberalismo y el caos (Parte II)

En este apartado nos proponemos hacer una lectura más amplia de las acciones y consecuencias de una ideología que excede a los partidos políticos, que tiene la capacidad de ocuparlo todo sin escrúpulos, que no tiene contradicciones ni límites: el neoliberalismo. El otrora conocido como espacio público, ocupado por los pueblos y organizado por estados nacionales desde fines del siglo XIX, se va transformando hacia fines del siglo XX, en un espacio globalizado. Cuál es la diferencia? El espacio globalizado se organiza alrededor del mercado, el estado es minimizado y la política y la ideología pierden peso en la intervención de las relaciones sociales. El mercado no encuentra ninguna limitación, no reconoce límites territoriales, ni leyes, se apropia de la renta, de los recursos naturales, de la cultura, de los derechos y lo más grave, de las conciencias de hombres y mujeres a escala mundial.

La globalización es una de las caras más perversas del neoliberalismo puesto que ocupa el espacio público y desplaza pueblos, culturas, identidades y derechos. El espacio globalizado es un espacio homogéneo, indiferenciado, que se organiza a partir de la lógica del mercado, con leyes deshumanizadas que favorecen a  las minorías invisibles e inescrupulosas que sólo buscan el lucro y la ganancia, que no tienen patria y cuya única identidad es el capital concentrado. Esas minorías son reales  pero no palpables, forman parte de un poder omnipresente, imbatible. Nadie los conoce, nadie los elige, pero están siempre y ponen las reglas de convivencia que llevan a los pueblos, las culturas y las identidades a la muerte. Los dueños del capital pagan para que se diseñe una nueva política, con un discurso vacío de contenido, donde lo político es demonizado y se vuelve sospechoso, incluyendo  el reclamo por los derechos salariales, la organización sindical, la lucha de los que “no son” (los desocupados), las demandas de los discapacitados o con capacidades diferentes, las marchas de los científicos, los empleados públicos, y la lista puede seguir.

En este contexto de globalización los candidatos con más chance para ocupar espacios visibles de poder, son los más mediáticos, no los más idóneos, no los más “competentes” en los términos empresariales a los que el neoliberalismo adhiere, sino los más aptos para comunicar y no decir nada, sólo se privilegia la imagen y lo que desde allí se pueda transmitir. Esto resulta particularmente grave en lo que a educación y políticas educativas se refiere, puesto que, a diferencia de otras áreas de gobierno, el impacto de estas nefastas medidas se verificará en las generaciones próximas.

Una de las argumentaciones para inhabilitar el pensamiento crítico y la acción de protesta colectiva, es poner la carga de responsabilidades en los sujetos, culparlos de todos los males que deben padecer, la falta de esfuerzo, de capacidad, de inoperancia, dejando fuera cualquier responsabilidad relacionada con las acciones de gobierno, tanto a nivel nacional como provincial. Muchos de nuestros conciudadanos han sido coptados por el miedo, la inseguridad y la baja de la autoestima. La falta de trabajo y las amenazas de despido son excelentes disciplinadores sociales. El poder económico invisibilizado es magistral manejando los hilos de la acción colectiva para que no cambie el status quo, por eso trascienden algunas noticias como las leyes de flexibilización laboral, la promoción de políticas de ajuste y el recorte de beneficios sociales a los sectores más vulnerables. Las variables macroeconómicas aparecen ante la sociedad como temas tan lejanos e incomprensibles que no “afectan” la realidad cotidiana del hombre de a pié. El deterioro en la calidad de vida aparece como una responsabilidad personal y un problema individual, sin poder ver al “otro” que se encuentra en la misma situación. Las sociedades se van fragmentando y se rompen los lazos de solidaridad que permiten la cohesión y la lucha organizada para defender y ampliar derechos.

Desde el discurso educativo se instalan en el espacio globalizado, algunas categorías tales como competencia, mérito, esfuerzo, capacidad, que promueven la culpa individual y van en línea con la destrucción de la acción colectiva solidaria, invisibilizando la responsabilidad de las políticas públicas neoliberales que generan y profundizan la desigualdad y la falta de oportunidades.

El espacio global organizado a partir de una economía especulativa es un “no lugar” para la mayoría de los y las ciudadanas, está conformado por sujetos indiferenciados que comparten la desigualdad económica, social y cultural y la igualdad en las dificultades cotidianas para mantener una vida en la que preserven algunos derechos humanos básicos. El interés del poder económico por terminar con el espacio público, entendido como el escenario capaz de albergar y expresar a la totalidad de los ciudadanos con las diferencias y similitudes que los caracterizan y donde la organización y la lucha encuentren la posibilidad de “decir”, no es ingenuo.

Para cerrar, desde Andares y Pensares creemos los IFD son parte de ese espacio público que se quiere globalizar. Es allí donde se educan los docentes que mañana formarán a nuestros ciudadanos y ciudadanas. En este sentido resulta indispensable que podamos resignificar y revalorizar con nuestros estudiantes, algunos de los conceptos que se intentan eliminar del discurso educativo actual: pensamiento crítico, inclusión , diversidad, interculturalidad, derechos, participación política. Las sociedades se construyen a partir de la concientización individual y del reconocimiento del “otro” donde con “ese otro” se haga posible la transformación.