Laboratorio en marcha

En la búsqueda de respuestas: Laboratorio en marcha.

Todo profesor en Ciencias Naturales, que se precie de serlo debe contar entre sus estrategias didácticas con el uso del laboratorio y las salidas de campo. Son condicionantes para lograr un aprendizaje significativo y la alfabetización científica.

Lo anteriormente expresado es una afirmación casi irrefutable, sin embargo durante la formación docente esto no es tomado demasiado en cuenta por muchos formadores, lo que indefectiblemente se expresa posteriormente en las aulas de todos los niveles educativos.

Toda práctica de laboratorio  conlleva que el contenido haya sido debidamente tratado o profundizado y en la mayoría de los casos, se les presenta a los estudiantes los resultados ya aceptados en la investigación científica, lo que implica una repetición de contenidos abrumadora, expuesta a la memorización y al fracaso de las Ciencias Naturales como herramienta para entender la vida, el medio y las preocupaciones propias de una sociedad.

Las teorizaciones en la Ciencias Naturales tienden a generar conceptos frágiles y poco sostenidos en el tiempo, la ciencia de la palabra no se condice con  el acercamiento a la interpretación de los fenómenos naturales. Es por esta razón que, es fundamental acercar a los estudiantes a prácticas simples enmarcadas en una permanente indagación, donde muchos fenómenos de la naturaleza, puedan ser comprendidos desde el mismo proceso que los llevo a ser descubierto. Es decir, casi como un científico, construyendo ideas a través de la observación, la experimentación, el intercambio, las hipótesis y las conclusiones de manera permanentemente abierta.

Más allá de todo esto y aunque parezca simple de implementar, las prácticas de laboratorio tienen muchos condicionantes que, a la hora de llevarlas adelante, suelen entorpecer su desarrollo y aprovechamiento.

Analizaremos algunos de ellos:

 

Falta de tiempo

Cuando los docentes presentamos nuestros proyectos curriculares anuales, se puntualizan innumerables contenidos teóricos, suponiendo que esto garantizará un buen nivel académico en la formación del profesor en Ciencias Naturales.

Sin embargo lo que no se palpa, no se observa y/o compara in vivo, difícilmente será herramienta metacognitiva. A pesar de esto, siempre se decide trabajar desde la teorización, que no logra el real sentido en la construcción de los aprendizajes.

Puede traducirse esto en un modelo de docente que utilizando vocabulario técnico, muy difícil, lineal y totalmente alejado de la realidad,  intenta representar ese fenómeno natural en la mente del estudiante con poco acierto, esto expresa la “no profundización de los contenidos, esos mismos que quedan prendidos con alfileres..”Para qué tantos nombres nuevos? Los chicos los van a encontrar solos!!! Es tan necesario saber cómo se llama o es mejor saber el por qué y el para qué?

Las Ciencias Naturales deben ser problematizadas y redescubiertas en forma permanente por cada estudiante; el bagaje histórico de las mismas y las situaciones cotidianas y experimentales, nos llevan a preguntarnos el por qué y para qué de todo, recorriendo un camino de permanente indagación y abiertos a encontrar respuestas posibles.

Quizá entonces “la falta de tiempo”, sea una simple excusa. Estamos necesitando mayor recorrido en este espacio que es parte de un aula, aunque físicamente no contemos con un laboratorio instalado. Y ese recorrido es responsabilidad de los formadores de formadores.

Podemos pensar entonces que, la falta de tiempo está relacionada con la falta de formación en este aspecto o con el temor a equivocarse en el hacer… y quién no se equivocó? Quién de todos aquellos y actuales científicos hizo sus investigaciones desde algún estricto formato? Ninguno, cada uno de ellos llevaron formas insospechadas a la luz de la observación y el análisis de fenómenos naturales.

Se vislumbra entonces la posibilidad de armar espacios donde las Cs. Ns.  sean realmente válidas como herramientas para la vida, con lo cual podamos interpretar y transformar, debatir y proponer buscando posibles respuestas a fenómenos, pensando maneras válidas de responder preguntas,  explicaciones alternativas ante los resultados o debatiendo entre pares. Esta concepción que parece tan complicada, no sólo no lo es, sino que implica un desafío permanente a preguntarse y repreguntarse.

Pero volviendo al inicio…muy pocos de nuestros estudiantes, por los mismos motivos que se describen en lo que hasta ahora he planteado, han pasado durante su escuela secundaria, por una clase de laboratorio. Por lo cual tienen ideas muy alejadas y creen, que es lugar de riesgo y de excepcionales clases modélicas.

Pero probablemente para todo profesor sea más sencillo dibujar en un pizarrón un modelo de organismo unicelular que, “Criar Paramecios”…es tan poco lo que se necesita…

“Los Paramecios son organismos unicelulares de vida libre, esto quiere decir que no perjudican a nadie y su dieta es vegetariana básicamente aunque de tanto en tanto puede alimentarse de algún otro microorganismo más pequeño que él. Viven en agua dulce estancada (juntemos en un florero). Encontraremos quizá una ameba, una Vorticella y algas microscópicas.” Aquí nos remontamos casi al inicio de la vida en el planeta, cuanto para preguntar, cuanto para ser curiosos!!!!”

Si colocamos una pequeña gota de ese agua en el microscopio, descubriremos un mundo lleno de vida!!! Y luego registramos, sacamos fotos, dibujamos, comparamos y nos preguntamos…cuantas cosas podemos hacer además de empezar a entender que es un microscopio, quizá algún estudiante se plantee quien lo descubrió, como funciona, que partes lo componen. Son todos iguales?

Volvamos a la formación docente!!! Los terciarios arrastramos esta carencia: la delicada observación de la naturaleza en su medio. Muchos textos y poca praxis. La curiosidad nos lleva a nuevos descubrimientos, nos permite preguntar,  problematizar, buscar información, imágenes, comparar formas de vida. Y acá tenemos para 3 o 4 clases!!!!

Y el tiempo es el que uno le dedica a esta elección didáctica. Somos nosotros, los docentes quienes hacemos de las prácticas de enseñanza, las diferencias en los aprendizajes.

 

Los prácticos de laboratorio como recetarios.

Vayamos a los libros de textos, muchos de ellos tienen prácticos sencillos, simples y a la vez enriquecedores. También podemos encontrar “recetas” estructuradas, llenas de indicaciones que parecen llevarnos por un solo camino y con  una única conclusión final. Otros son aburridos y no construyen nada de lo que nos podemos proponer; los hay majestuosos, con utilización de muchísimo de material de laboratorio, mucha expectativa y poca producción.

El laboratorio es uno de los mejores lugares (sea en un laboratorio escolar o en el mismo aula transformada en laboratorio). Allí es donde se pone en juego la ciencia escolar. Imaginemos un espacio con algunos pocos elementos: tubos de ensayo, un microscopio, una lupa de mano, agujas de disección y bisturí hechos por nosotros, alguna pinza y tijera, papel absorbente, azul de metileno, una cubeta con agua, un mecherito de alcohol, un terrario, plantas, semillas, lombrices, una pecera, uffff …podríamos seguir y todo esto puede estar guardado en un rincón del aula o en una caja en biblioteca.

Los recetarios los armamos nosotros y es allí cuando la indagación entra en acción. Pregunto, observo, registro, vuelvo a preguntar, se establece el juego de la curiosidad…entonces leo, busco en la web, comparo, reviso, lo vuelvo a intentar, problematizo. Así arribo a algunas conclusiones, que quizá nunca sean definitivas, iguales a las anteriores o a las próximas: Eso es Ciencia. Basta escuchar las preguntas de los estudiantes para darse cuenta de la implacable necesidad de aprender más.

A estas alturas, muchos de quienes están leyendo estén pensando en que todo esto sólo le sirve a aquellos estudiantes que seguirán carreras relacionadas con las Ciencias Naturales, lejos de ser así, La pasión por la didáctica de las ciencias y su poder para generar mayor curiosidad en las personas y al mismo tiempo mayor racionalidad es una manera de que el pensamiento científico nos ayude a pensar nuestros propios problemas, a generar nuevas miradas y a transformarnos en la sociedad que queremos y podemos ser. Por eso es tan importante una buena enseñanza de las ciencias para todos , para que parte de la manera de ver el mundo incluya la curiosidad, la mirada crítica y el escepticismo, que son valores íntimamente asociados a la ciencia como aventura intelectual.

¿Y si nos animamos y comenzamos?