Mudar de piel

Mudar de piel es extremadamente doloroso por momentos.

Mudar de piel implica un evento inaugural hacia un destino incierto.

Mudar de piel, promueve horizontes que requiere de desarraigos profundos.

Mudar de piel nos encuentra con la extrañeza de uno mismo.

Mudar de piel, no es acomodarse a un vacío, ni tampoco ocuparlo.

Mudar de piel demanda valentía, y la obstinada decisión, de andar andando.

Mudar de piel exige tragar sapos, para vomitar sapos.

Analia Mora

Ilustración Vanesa Trosch