Sobre cuando comprendí el lenguaje inclusivo

Por  Daniela Perez Ladaga

Fede fue famoso desde chico en la escuela. Ya desde el jardín todas las maestras lo conocíamos por más que no fuese nuestro estudiante. Su nombre iba de boca en boca a través de las caras de asombro y el chusmerío de pasillo. Decían…“Fede, el nene que, en vez de jugar con los autitos y los bloques, se la pasa disfrazado de princesa bailando por todo el patio”.


Fede arribó a 6° año del primario y yo me convertí en su maestra.
Extremadamente delgado, de ojos saltones y curiosos, con sonrisa generosa y con una pregunta en la punta de la lengua siempre lista para
desafiar a cualquier docente desprevenido. Interesantes charlas compartíamos durante los recreos sobre química y física, tenía una profunda pasión por las ciencias y el dibujo.Una tarde como cualquier otra, tocó el timbre del recreo. Como
siempre, salí al pasillo y desde la puerta, sin pensar exclamé:
– Vamos chicos, salgan a formar.
Noté en Camila, una de mis estudiantes, un gesto de enojo y le pregunté
qué pasaba.
Sin dudar me contestó:
-Yo no soy un chico, soy una chica.
-Sí, ya lo sé, perdón, es la costumbre, dije tontamente y me retracté-.
Bueno, chicas y chicos, salgan a formar.
Lucía no tardó en unirse a la conversación y replicó enojada:
-Claro, a nosotras todo el tiempo nos hablan como si fuésemos chicos,
chicos de acá, chicos de allá…, ahora, si a los chicos los tratan de chicas…, hacen un escándalo. Como si ser chica fuese algo malo.
Pero eso no fue todo, desde atrás, Fede exclamó:
-Peor yo, que todavía no sé que soy. Si soy chica o chico.
Camila sin dudarlo le contestó:
-Sos chique, Fede, sos chique…
Fede sonrío con alivio y abrazó por largo rato a su compañera de 11 años.
No pude agregar nada en el momento, elles ya lo habían dicho todo. Mis
palabras sobraban y en silencio nos fuimos juntes al patio.

Daniela Soledad Perez Ladaga. (Prof. Enseñanza Primaria, maestra)

-2020