Tribulaciones de una profesora en tiempos de pandemia

En estos días es común hablar o escuchar conversaciones acerca de la educación virtual, las aulas virtuales, las video conferencias, las plataformas y etc etc. Se dan conferencias virtuales sobre las bondades de la enseñanza virtual.
Pero de lo que no se habla es qué se enseña en todos esos espacios. ¿enseñamos lo mismo que habíamos planificado para un ciclo lectivo presencial? ¿mantenemos los mismos contenidos presentando uno detrás de otro? ¿cada profesor enseña lo que le parece? Quizás necesitemos pensar un rato en el qué y no tanto en el cómo.
¿No es un buen momento para definir por año y por área qué es lo fundamental a ser enseñado en esta situación? ¿No sería conveniente realizar una verdadera selección y jerarquización? Una jerarquización seria, profunda, que tenga en cuenta los tiempos y las realidades y los propósitos esenciales de cada disciplina. Además, seleccionar los contenidos que puedan ser enseñados en estas circunstancias y dejar los otros para cuando se reinicie la presencialidad. Por todos lados se escucha la historia de la maestra que en estos días mandó a sus alumnos a comprar un corazón de vaca para estudiarlo… ¿es realmente necesario en este contexto, no existe otro contenido que nos permita trabajar desde el área de las ciencias?
Pero, lo más importante de ese proceso de jerarquización es que lo tendríamos que realizar todos los docentes de la escuela. Antes de correr con las actividades, con la tecnología, etc, sería conveniente que institucionalmente acordemos qué es lo importante de cada año, de cada área, de cada disciplina (algunas seguramente lo han hecho). Y acá si puede servir mucho la tecnología, usemos las video conferencias, el correo electrónico, los grupos de wasap (lo que tengamos a mano) para acordar entre los profesores qué se va a trabajar como prioritario en este período y en cada disciplina.
Y en el cómo estaría bueno pensar que no es traspasar las propuestas presenciales a ámbitos virtuales o de distancia. Tener en cuenta las posibles realidades de les niñes, adolescentes y jóvenes.


Estamos acostumbrados a escuchar que se habla de la cultura colaborativa, es el momento de ejercitarla. Porque otra de las cuestiones que podemos organizar es el trabajo con los docentes paralelos, ejemplo uno se encarga de elaborar propuestas de matemática, otro de prácticas del lenguaje, y luego las comparten. O profesores de una disciplina, uno organiza la propuesta de un contenido la comparte mientras que su compañero piensa la siguiente. Es más, algunas áreas hasta pueden proponer trabajos conjuntos.
Tomarse un tiempo (corto, obviamente) para intercambiar, pensar, organizar y luego actuar con criterio y sentido común, no es una mala opción para estos tiempos.

Prof. Gabriela Saslavsky